LA GLOBALIZACIÓN ANTES DE LA GLOBALIZACIÓN:

ANCESTROS IRLANDESES DE LA FAMILIA ESCUDÉ-CARVAJAL

 

 

Doña Mary-Anne Parker de Burrier - circa 1930



Imágenes de Irlanda

 

Como se dijo en la sección correspondiente, Juan Carlos Escudé casó con Graciela Carvajal, hija de Andrés de la Santísima Trinidad Carvajal Ruiz, malagueño, y de Magdalena Burrier, argentina nacida en la provincia de Misiones. A su vez, Magdalena Burrier fue hija de Jean-Baptiste Burrier, francés, y de Mary-Anne Parker, irlandesa. Jean-Baptiste era hijo de Antonie Burrier y Pierrette Buteau. Antoine murió durante la Guerra Franco-Prusiana de 1870, circunstancia que determinó la emigración hacia el Río de la Plata de su mujer e hijos.

 

Después de una estancia en Montevideo, los Burrier estuvieron entre los primeros colonos del entonces Territorio Nacional de Misiones, acompañando la expedición militar de Rudencindo Roca, que lo conquistara a los indígenas hacia 1880. Mary-Anne (María) Parker fue conocida localmente como “la inglesa brava” (para los criollos, ingleses e irlandeses eran la misma cosa) porque perseguía a los indios montada a caballo y armada con una escoba. La familia Burrier-Parker todavía está presente en esas tierras, principalmente a través de las ramas que portan los apellidos von Zeschau, Schoffer, Barreyro y Escalada.

 

Mary-Anne Parker nació en Kilkenny West, Co. Westmeath, el 1º de mayo de 1862, una de los nueve hijos de Terrence Parker y Mary Spollen, y nieta de Stephen y Anne Parker. Su padre Terrrence tuvo un hermano, Thomas, que casó con Anne Spollen, hermana de Mary. Además, una tercera hermana Spollen (de un total de 21 hijos de Jane Spollen, neé Dunnigan) casó con otro Parker, primo de los anteriores. Como escribiera Jack Spollen de Athlone a Carlos Escudé en 1978, “the Parker Spollen connection is well-established”. En cuanto nos pusimos en contacto nos enviaron un árbol genealógico mimeografiado, construido por una de las Parker norteamericanas, titulado encantadoramente: “The love story of the two Parker boys and the two Spollen girls”. Casi no podíamos creer que llegara a nuestras manos la confirmación de un folclore familiar que nos había sido legado en la selva misionera.

 

Los Parker eran típicos campesinos irlandeses, a pesar de su apellido anglo-normando, común en la mayor parte del mundo angloparlante pero escaso en el mundillo celta de Erín. Probablemente descendieran de algún soldado protestante de Cromwell, pero después de siglos de sucesivos matrimonios con campesinas irlandesas, los Parker del condado de Westmeath son tan irlandeses y católicos como cualquier otra familia católica irlandesa. Ya son una antigua familia lugareña, multitudinaria y unida, con pobres y ricos, como ocurre a lo largo y ancho de Europa gracias a los procesos de movilidad social de décadas recientes.

 

Uno de los Parker actuales, el Hermano Colman (Stephen) Parker, Provincial de los Maristas de Irlanda, fue nuestro guía en el mundo de nuestra familia irlandesa cuando vivíamos nuestra experiencia como estudiantes de postgrado en St.Antony’s College, Oxford. Su hermano, el Padre Thomas Parker, misionero de la orden de los Columbanos, nos visitó en Estados Unidos varias veces mientras cursábamos el doctorado en Yale, como lo hizo asimismo uno de los Spollen cuyos antepasados inmediatos habían emigrado a ese país a principios del siglo XX.

 

Los Parker y los Spollen poblaron el Nuevo Mundo, como ocurriera con millones de irlandeses, cuyo país fue virtualmente despoblado durante el siglo XIX. Las granjas ancestrales de la familia, cercanas a las aldeas de Lissdoughan, Rath y Kilkenny West, con sus antiguos edificios arruinados que son adyacentes a otros modernos y modestos, pueden visitarse. También pueden visitarse las tumbas, con sus cruces celtas, en el pequeño cementerio católico de Kilkenny West. La mayoría de los descendientes de la generación de los padres de Mary-Anne Parker de Burrier emigraron a los Estados Unidos, pero los hay también en Australia, Sud África, Brasil, y naturalmente en la misma Irlanda.

 

Entre las historias más interesantes de los descendientes de nuestras dos parejas Parker-Spollen se encuentran la de Patrick J. Parker, hijo de Thomas y Anne, que fuera comisionado de todas las tiendas de la Hudson Bay Trading Company en Canadá, y la del coronel norteamericano John Parker Jr., nieto de la misma pareja, que fuera agregado militar en Tokio inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. 

 

Leonard Parker, primo hermano de nuestra abuela materna, lucho contra España en la Guerra de Cuba, al revés de nuestro abuelo paterno José Escudé, que fuera voluntario español. En la misma guerra murió Thomas Mc Lure, esposo de Margaret Parker, hija de Thomas y Anne. Regresada Margaret a Irlanda, su hijo Tommy McLure, piloto de la Royal Air Force, murió durante la Primera Guerra Mundial y tiene un vitral en su honor en la iglesia de Kilkenny West. Finalmente, el mayor norteamericano Joseph E. Parker Jr., nieto de Thomas y Anne, murió en Vietnam.

 

Nuestra historia es la desgarradora historia de Occidente como un todo. Es una historia de la globalización antes de la globalización.




LOS SPOLLEN Y LAS MITOLOGÍAS CELTAS

 

Al contrario del caso del apellido Parker, Spollen (el nombre de la familia materna de Mary-Anne Parker de Burrier) es un apellido muy poco frecuente, aún en Irlanda, pero típicamente celta. El apellido abunda en el condado de Westmeath (uno de nuestros Spollen era el dueño y editor del periódico local, el Westmeath-Offaly Independent) pero es muy raro más allá. Este linaje campesino celta está incluido en las crónicas de la mitología irlandesa.

 

Por cierto, la genealogía es una afición muy difundida entre los irlandeses de todas las clases sociales. Esto se debe a que la mayor parte de la aristocracia irlandesa original fue destruida en crisis sucesivas posteriores al sometimiento al rey Enrique II de Inglaterra, en el siglo XII. Como consecuencia, se construyeron mitologías inverosímiles que atribuyen a todos los irlandeses de linaje celta una descendencia directa de los antiguos reyes de Irlanda. No hay en esto esnobismo ni sentido de importancia alguno, sino una encantadora confirmación legendaria de la unidad étnica nacional, cuyo principal cemento es un catolicismo que más que religioso es símbolo de identidad. Nuestra familia Spollen no es excepción a la regla.

 

Las variantes lugareñas Spellan, Spelman, Spillane, Spollen y Spiller son citadas como anglificaciones de O’Speilain en la edición de 1878 de la obra de O’Hart, Irish Pedigrees. [1] O’Speilain fue el nombre de uno de los caudillos menores de la mitología celta, y es el nexo entre este grupo de familias campesinas y los antiguos monarcas irlandeses, como presunto descendiente de la mayoría de los reyes anteriores al año 538 d.C. Según las notas de los compiladores decimonónicos de Los Anales de los Cuatro Maestros, las tierras de los O’Speilains en el Medioevo estaban situadas entre Tipperary y Kilkenny, aunque sus quehaceres guerreros los llevaran hasta el Ulster (Macha). [2]

 

Este fenómeno resulta muy interesante para gentes de origen básicamente ibérico, como nosotros los Escudé de Argentina. En los siglos XV y XVI, mientras España construía un imperio global (el primero de la historia humana registrada), los irlandeses, sojuzgados, se dedicaban a recopilar documentos antiguos para inventar o reinventar una pseudo-historia que rescatara la dignidad de su pueblo, reducido casi en su totalidad a la servidumbre. Los españoles atesoraban sus papeles pero sabían perfectamente a quién “correspondía” una dignidad especial y a quién no. Por contraste, los irlandeses rescataban los escasos papeles que se habían salvado de la destrucción para intentar demostrar, “democráticamente”, que todos ellos descendían de Milesio de España, el mítico fundador de la nación irlandesa.

 

Por cierto, según la leyenda, el último personaje de la realeza en el árbol genealógico de quienes tenemos por antepasado a algún Spollen fue el rey Diarmid (o Dermond). Éste fue el 133º monarca de Irlanda y el 5º rey cristiano de Meath, correspondiente a la 90ª generación desde Adán y al año 538 d.C. Fue durante su reinado que se abandonó el mítico Palacio Real de Tara. Diarmid fue bisnieto del épico Niall Mor, o sea “Niall de los Nueve Rehenes”, de portentosas hazañas. Posteriormente, el mayorazgo correspondió a otras ramas, de manera que el linaje del cuadillo O’Speilain fue alejándose progresivamente del tronco de la realeza. [3]

 

Inverosímilmente pues, esta construcción legendaria pretende rastrear los ancestros del jefe O’Speilain hasta Adán y Eva. Lo mismo es cierto de todos los apellidos celtas irlandeses. Como se dijo, todas las familias descienden de Milesio de España, que se supone fue la 36ª generación desde Adán, y se bifurcan en la generación de los hijos de aquel. La nuestra desciende pretendidamente de Heremón, el hijo más importante de Milesio y el antepasado del mayor número de familias en virtud de haber perpetrado el asesinato de un hermano y un sobrino.

 

La genealogía de la nación irlandesa, tal como la describe O’Hart, comienza con las diez generaciones que separaron a Adán de Noé. [4] Se supone que los primeros pobladores de Irlanda no eran los “verdaderos” irlandeses sino escitas. Éstos se mencionan como descendientes de Jafet (hijo de Noé y 11ª generación desde Adán). Liderados por Partholan se habrían establecido en Erín 278 años después del Diluvio Universal, evento que a su vez está situado con precisión en el Anno Mundi 1656, es decir, 1656 años después de la Creación, lo que según su cómputo equivale al 2957 a.C. La Natividad se habría producido en el Anno Mundi 5199. Por lo tanto, el “mundo” tendría un total de unos 7200 años de antigüedad, cálculo que coincide aproximadamente con el Septuaginto, la más antigua traducción del Antiguo Testamento, como así también con el cómputo de San Eusebio. [5]

 

No obstante las diferencias étnicas entre celtas y descendientes de escitas, las crónicas irlandesas nos cuentan que éstos también tenían por idioma al gaélico, la dulce lengua de los arrullos entre Adán y Eva, y pudieron por tanto comprender a los celtas cuando estos acometieron la azarosa invasión de Eire desde España. [6] Después de todo, celtas y nativos de Erín compartían una lista importante de antepasados: el parentesco de la humanidad entera está muy claro en la mitología irlandesa. El mandato druídico estableció que los descendientes de Heber Scut (scut: un irlandés o escocés) poblaran Irlanda, pero ni siquiera está claro en la mitología celta si “scut” y “scita” (o sea “escita”) tienen significados diferentes. Estos héroes legendarios erraban por el mundo antiguo con sus tribus, pero en Creta, en Escita, por donde fuera que migraran, encontraban primos remotos, descendientes de ilustres ancestros comunes.

 

Pero para llegar a Erín, los futuros irlandeses antes debían llegar a la Península Ibérica. Eso ocurrió como consecuencia de los consejos del druida Cachear, contemporáneo de Lamhfionn, jefe de los celtas correspondiente a la 24ª generación desde Adán, quien profetizó que su pueblo no tendría descanso hasta llegar a la “isla occidental de Europa”, y que deberían hacerlo en no más de trescientos años. [7]

 

La flota de Lamhfionn zarpó entonces y conquistó Gothia, la Libia actual. Pero para seguir avanzando hubo que esperar al advenimiento de Brath, jefe celta de la 33ª generación desde Adán. Éste zarpó de Gothia y conquistó Galicia. Su hijo Breoghan (Brigus) conquistó Andalucía, Murcia, Castilla y Portugal, estableciendo su trono en la ciudad de Brigansa o Braganza, en Galicia (de donde el reino de Castilla pasó a llamarse Brigia, según nos cuentan).

 

Pero aún debieron pasar otras dos generaciones, hasta que el gran Milesio de España, [8] correspondiente a la 36ª generación desde Adán, sufrió un sobresalto al comprender que el mandato del druida Cachear no se cumpliría dentro del plazo adjudicado. Para acelerar el trámite, Milesio comenzó matando a su propio padre. Luego se trasladó a Egipto, donde el faraón le hizo general de sus ejércitos. Después de gloriosas hazañas, el faraón le ofreció la mano de su hija, Scota, hermana de la mujer de Salomón, quien según la leyenda irlandesa fuera hija del mismo rey egipcio. [9]

 

Entonces Milesio regresó a España, acompañado por Scota, y allí fue aclamado con alivio, porque la ausencia del rey producía gran inquietud. Comenzó a preparar la invasión de Irlanda y envió una expedición encabezada por su tío Ithe para conferir con los nativos. En Erín, Ithe fue asesinado y los expedicionarios derrotados. Al poco tiempo murió Milesio también, con su misión incumplida.

 

Por ello, sus ocho hijos se lanzaron a la congregación de una flota enorme y zarparon desde Galicia con ánimo conquistador. Pero los nativos emplearon artes diabólicas, desatando tormentas que destruyeron la mayor parte de la flota, matando a cinco de los ocho príncipes. No obstante, la parte de la flota comandada por Heber, Hemerón y Amergín cumplió con la misión, y luego de terribles batallas conquistó su tierra prometida. Cuando Hemerón consiguió matar a sus dos hermanos, se inauguró la larga lista de los 183 altos monarcas de Irlanda.

 

Según la leyenda irlandesa, la invasión celta de Irlanda se produjo un año después de que Salomón pusiera la primera piedra del Templo de Jerusalén. Irlandeses y judíos resultan primos cercanos, ya que Milesio de España y el mismísimo Salomón estaban casados con sendas princesas egipcias, hermanas entre sí e hijas de un mismo faraón, de quien descienden ambos pueblos. Todo esto ocurrió en el Anno Mundi 3500, lo que según el legendario cómputo irlandés equivale a “1699 años antes de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”. [10]

 

Esta “crónica mundial irlandesa”, que calcula el tiempo histórico en función de la Creación misma, no tiene paralelos entre las mitologías nacionales europeas y sólo puede compararse con la del pueblo judío. La cronología irlandesa se deriva en parte de la judía y en parte de las crónicas de San Eusebio, a lo que agrega una gran cantidad de material propio, comprensiblemente etnocéntrico.

 

Las fuentes en que abreva O’Hart para presentar sus genealogías con el punto de referencia del Año del Mundo son múltiples. Una de las principales es Los Anales de los Cuatro Maestros, compuestos en los siglos XVI y XVII por los O’Clery, una familia de gran ilustración. Los Anales comienzan con la Creación, narran las leyendas del período más temprano de la pseudo-historia irlandesa y se interrumpen en el año 1616, ya en pleno período histórico. [11]

 

Entre las fuentes de pseudo-historia irlandesa que se remontan a la Creación que este aficionado ha podido consultar, se encuentran también “Los Anales del Ulster”, [12] “Los Anales de Clonmacnoise”, [13] “Los Anales de Inisfallen” (manuscrito de la Bodleiana) [14] y el “Libro de Conquistas de Irlanda”. [15]

 

Hay otras, y además las hay numerosas que comienzan la narración ya en tiempos medievales. Caudillos menores como el supuesto antepasado de todos los Spollen aparecen en este tipo de crónicas y cantares. Por ejemplo, O’Speilain es mencionado en los antiguos poemas topográficos de O’Heerin (Ó Huidrín), que fueron compilados y traducidos del gaélico en tiempos modernos por James Carney. Los “versos topológicos” (en las versiones gaélica e inglesa sucesivamente, con nuestra traducción al castellano más abajo) lo recuerdan así:

 

“Triath Ó Luighdheach na lann sean

Ó Spealain na spor ngléigheal,

aidhbhseach triall catha an churadh

fá fhiadh Macha ag médughadh”

 

“The chief of Hy Luighdeach of ancient swords

is O’Speilain of the bright spurs;

Mighty is the march of the warrior’s battalions,

increasing as they proceed along the plains of Macha.” [16]

 

[“El jefe de Hy Luighdeach de antiguas espadas

es O’Speilain de las espuelas brillantes;

Poderosa es la marcha de los batallones del guerrerro,

que crecen mientras avanzan por las llanuras de Macha”.]

 

Versos similares se incluyen en las genealogías de Hy-Fiachrach. [17] Mencionan a O’Spealain (O’Speilain , O’Spelan) en las siguientes líneas que nos hablan de un reverso de fortunas:

 

“O’Spelan of the golden spurs obtained

Coillin Aedha at the time of the meeting,

His host cannot be watched,

Pity to mention him as possessing only a half townland.”

 

[“O’Spelan de las espuelas doradas obtuvo

Coillin Aeda en el momento de la justa,

Su hueste no puede observarse,

Da lástima mencionarlo como poseedor de apenas medio pueblo.”]

 

            Las leyendas son parte de la historia, no porque lo que cuentan haya acontecido sino porque cumplen con una función social, que en el caso de estas mitologías irlandesas fue rescatar una identidad nacional y generar solidaridad entre un pueblo dominado por poderosos extranjeros vecinos.

 

A la vez, recordar el lugar que nuestros antepasados campesinos ocupan en estos mitos es homenajearlos, no porque nos tomemos en serio su vinculación con monarcas que, de tan remotos, ya parecen parte de un sueño, sino por veneración de la función solidaria y democrática que fuera cumplimentada por el noble mito.

NOTAS


[1] John O’Hart, Irish Pedigrees (or The Origin and Stem of the Irish Nation). Segunda serie, Dublin: M.H. Gill & Son, p. 802.

[2] Véase The Annals of Ireland, traducidos del original irlandés de los Cuatro Maestros por Owen Connelan, Esq., Dublín: Brian Geraghty, 1846, p. 201.

[3] O’Hart,  ob. cit., pp. 62 y 242.

[4] Ibidem, p. 47.

[5] Ibidem, p. 25.

[6] Ibidem, p. 55.

[7] Ibidem, p. 52.

[8] Milesio originalmente se llamó Galamh, que significa alguien “que no es un extraño”. En Egipto fue llamado “Milethea Spanie”, que significa “Héroe Español”, nombre que finalmente se contrajo en Milesio.

[9] O’Hart, ob. cit., p. 58.

[10] O’Hart, ob. cit., p. 58

[11] Véase The Annals of Ireland, traducidos del original irlandés de los Cuatro Maestros por Owen Connelan, Esq., Dublín: Brian Geraghty, 1846, p. 201. A su vez, los compiladores del siglo XIX de esta obra mencionan a O’Speilain en una nota agregada a la sección de los Anales correspondientes al año 1401 d.C., durante el reinado de Enrique IV de Inglaterra.

[12] Crónicas desde la Creación hasta el año 1131 d.C. The Annals of Ulster, compilados por Seán Mac Airt  y Gearóid Mac Niocaill, Dublín: Institute for Advanced Studies, 1984. Manuscrito conservado en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, que no debe confundirse con otros menos antiguos del mismo título.

[13] Crónicas desde la Creación hasta el año 1408 d.C. The Annals of Clonmacnoise, compilados por el Rev. Denis Murphy, S.J., Dublín: University Press/Royal Society  of Antiquaries of Ireland, 1896.

[14] Crónicas desde la Creación hasta el año 1450 d.C. The Annals of Inisfallen, compilados por Seán Mac Airt, Dublin: The Dublin Institute for Advanced Studies, 1951.

[15] Crónicas desde la Creación hasta la conquista celta de España y el posterior salto hacia Irlanda. Laebbhar Gabhála - The book of Conquests of Ireland, Dublin: Hodges, Figis & Company, 1916.

[16] Topographical Poems by Seaán Mór Dubhagáin and Giolla-Na-Naomh Ó Huidrín, Dublin Institute for Advanced Studies, 1943. Ó Huidrín (O’Heerin), el autor de los versos dedicados a nuestro caudillo, fue el continuador de los poemas topográficos comenzados por O’Dubhagáin (O’Dugan). O’Dugan murió en 1372 y O’Heerin en 1420. Estos poemas se consideran de máximo valor porque proven detalles sobre los rangos, títulos y territorios de príncipes, señores y jefes irlandeses de los siglos XII, XII y XIV, cuyo registro se perdió casi totalmente con la dominación inglesa. Los versos citados están en gaélico en la página 63. Aparecen traducidos al inglés en los comentarios de los compiladores de Los Anales de los Cuatro Maestros, en las notas de la página 201, correspondientes al año 1401 d.C., durante el reinado de Enrique IV de Inglaterra.

[17] The Genealogies, Tribes, and Customs of Hy-Fiachrach, commonly called O’Dowda’s Country, compiladas del Libro de Lecan (biblioteca de la Royal Irish Academy) y del manuscrito genealógico de Duald Mac Firbis (biblioteca de Lord Roden) por John O’Donovan, Dublin: Irish Archeological Society, 1845. Su traducción del gaélico se realizó en 1666, y las crónicas cubren sólo los años 1443 a 1468. Los versos referidos a nuestro caudillo se encuentran, en gaélico, en la página 250, y traducidos al inglés en la 251.