Ingeniero Juan Carlos Escudé, 1923-2008

 

UN PRECURSOR DE LA ERA DEL ORDENADOR EN LA ARGENTINA

 

Nacido en Tucumán el 6 de mayo de 1923, hijo de José Escudé(catalán) e Inés Cuello (argentina). Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Sagrado Corazón. En 1945 egresó de la Escuela Naval Militar como guardiamarina de Cuerpo General. No llegó a recibirse de aviador en la Escuela de Aviación Naval, donde también cursó estudios, debido a una pleuresía. Ya oficial naval, obtuvo una beca de la Armada para cursar la carrera de ingeniero en telecomunicaciones en la Universidad de Buenos Aires, de donde egresó en 1951 con dicho título. Simultáneamente cursó parte de la carrera de matemáticas.

 

El 4 de octubre de 1947 casó con Graciela Celina Carvajal, hija de Andrés Carvajal (malagueño) y Magdalena Burrier (argentina). Tuvo por hijos a Carlos Andrés, Guillermo José y Graciela Inés Escudé , nacidos respectivamente en 1948, 1950 y 1954.

Desde joven se opuso al gobierno de Perón. Siendo teniente de navío, estuvo involucrado en la asonada del 16 de junio de 1955 que intentó derrocar a aquel, correspondiéndole participar en la toma del aeropuerto de Ezeiza. El fracaso de la revolución lo obligó a buscar asilo en la República Oriental del Uruguay, adonde voló con sus camaradas. Fue alojado en la Prefectura Marítima de esa ciudad, según consta en el anexo de la nota del 21 de junio de 1955 del Embajador Ernesto F. Bavio al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, Dr. Jerónimo Remorino (Archivo General de la Nación).

 

Después de tres meses de exilio, el 16 de septiembre se consumó la llamada Revolución Libertadora. Escudé regresó el 28 de ese mes en el entonces aclamado viaje del crucero “9 de Julio”, que trajo de regreso a los oficiales exiliados y a los cadetes del Liceo Naval. Durante muchos años, esta actuación determinó un distanciamiento con su hermano, el coronel peronista Eduardo Augusto Escudé.

 

Escudé prosiguió estudiando física y matemáticas en forma autodidacta. Cuando se fundó la Universidad Nacional del Sur en Bahía Blanca, el joven ingeniero y teniente de navío fue contratado como profesor. Impartió, entre otras materias, un curso de casi un año de duración sobre diseño lógico y desarrollo de ordenadores. En esa materia se formó, como asistente de Escudé, el ingeniero Jorge Santos, otro precursor de los ordenadores en la Argentina.  

 

En 1957 Escudé solicitó la baja de la Armada Argentina con el objeto de desarrollarse profesionalmente como ingeniero electrónico en los Estados Unidos. Concedida ésta, en 1958 se trasladó con toda su familia a los alrededores de Filadelfia, siendo contratado por la firma Burroughs, en Paoli, Pennsylvania. Al poco tiempo pasó a Epsco Incorporated, una pequeña empresa precursora que fuera crucial para su formación profesional.

 

Epsco estaba presidida por su fundador, Bernard Gordon, uno de los grandes pioneros de la era de la informática en los Estados Unidos. La empresa se basaba en una estructura de pocos ingenieros con excelente formación en física y matemáticas. Este tipo de perfil era mucho más corriente entonces que ahora, según cuenta el propio Gordon en sus memorias. Mientras los ingenieros electrónicos actuales saben como enlazar diversos componentes para diseñar un ordenador de determinadas características, los que fueron formados en las décadas del '40 y '50, que estaban inventando el ordenador, iban mucho más allá, comprendiendo plenamente los procesos físicos que (por caso) hacen de un transistor lo que es.

 

Escudé llegó con esta formación, que ahora es muy inusual, desde la Argentina. Casi desde el principio le fue adjudicado el permiso para trabajar en proyectos secretos. Su primer trabajo en Epsco, de 1959-60, consistió en el diseño y desarrollo de un ordenador transistorizado especial para un simulador de tráfico aéreo. El sistema había sido contratado por el precursor National Aviation Facilities Experimental Center (NAFEC) de la Federal Aviation Agency (después Federal Aviation Administration) en Atlantic City, Nueva Jersey, que fuera creado por el presidente Dwight D. Eisenhower el 1º de julio de 1958. Y el proyecto se convirtió en el germen de todos los sistemas computarizados de control de tráfico aéreo, que entonces eran una novedad.

 

Siguieron otros proyectos vinculados a digital magnetics, campo en el que obtuvo vasta experiencia. Como consecuencia, fue reclutado para la solución de problemas aparecidos en los circuitos del ordenador analógico “Star Duct”, usado en las ojivas nucleares de los cohetes intercontinentales (ICBMs) portados por el submarino misilísitico Polaris. Esta etapa de su carrera estuvo íntimamente ligada al devenir de la Guerra Fría.

 

A la vez, parte cabal de una generación de profesionales que revolucionaron al mundo, Escudé prosiguió con su formación teórica. Cuando al poco tiempo se trasladó a los alrededores de Boston, cursó las materias de física relativista y teoría cuántica del doctorado de Brandeis University, uno de los grandes centros de física teórica. Fue becado por la división aeroespacial de RCA no porque las materias tuvieran un vínculo directo con sus diseños, sino porque se consideraba entonces que un ingeniero de vanguardia debía tener amplios conocimientos sobre los principios básicos de las ciencias, que subyacen a esa manipulación de la naturaleza que es la ingeniería.

 

El tránsito hacia la entonces importante Aerospace Systems División de RCA (Burlington) implicó involucrarse con proyectos de la NASA, con la consiguiente confirmación de su secret security clearance, la autorización gubernamental para trabajar con información secreta, casi nunca otorgada a no ciudadanos. Escudé firmó, año tras año, una declaración de su voluntad de hacerse ciudadano, pero a la hora de cumplir con el trámite lo postergaba, quizá condicionado por su carrera previa como oficial naval argentino. Había jurado lealtad a otra bandera demasiadas veces, y para colmo era hijo de un catalán que había luchado en Cuba contra los Estados Unidos.

 

En la división de sistemas aeroespaciales de RCA (Burlington), Escudé dirigió tres proyectos en forma simultánea. Con un grupo de engineering scientists desarrolló ordenadores totalmente magnéticos, sin transistores, pues éstos no resistían el Van Allen Belt (el cinturón de radiación de la Tierra). Los ordenadores eran relativamente grandes y por cuestiones de peso no se podían blindar para proteger los transistores. Por cada kilo que se enviaba al espacio exterior se necesitaban entre 800 y 900 kilos de combustible. De ahí la necesidad de evitar el blindaje, reemplazando los transistores con una tecnología magnética. ¡Ahora los ordenadores que cumplen funciones similares consisten básicamente de un microprocesador liliputiense que se puede blindar, pero entonces las cosas eran diferentes!

 

Con un segundo grupo, Escudé desarrolló memorias de núcleo para esos ordenadores, junto con otros circuitos especiales. Y con el tercer grupo desarrolló un sistema telemétrico de 192 canales con transmisión automática a estación terrestre en PCM (Pulse Coded Modulation). El sistema medía temperatura, presión, vibraciones, resistencia del material, índice de Poisson, etc., para proteger al cohete impulsor Atlas, a su segunda etapa el cohete Agena B y al Saint Satellite (un orbitador para interceptar satélites enemigos, precursor de star wars, que estaba siendo desarrollado por otros equipos de RCA Burlington y que luego fue interrumpido por ahorros de la Secretaría de Defensa). Por aquel tiempo, Escudé también participó de la propuesta de RCA Burlington a la NASA para el alunizaje tripulado en la Luna del recordado proyecto Apollo, simulando diversas órbitas de transferencia (Hoffman Transfer Orbits).

 

En 1963 el ingeniero Escudé regresó a la Argentina repatriado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Fue contratado como Investigador Científico Clase Superior, con base de trabajo en el Departamento de Matemáticas de la Universidad Nacional de Tucumán, donde permaneció hasta 1966.

 

En esa fecha, regresó a RCA Burlington como engineering scientist, obteniendo nuevamente la certificación para trabajar en proyectos secretos. Volvió a radicarse en Lexington, Massachussets, acompañado de su familia con excepción de su hijo mayor, Carlos, que permaneció en Buenos Aires para evitar la movilización a Vietnam.

El trabajo en la industria espacial había disminuido, de modo que se dedicó a la automatización de plantas para la Secretaría de Defensa. Como siempre, eran proyectos multidisciplinarios de hardware y software, que requerían conocimientos actualizados sobre principios fundamentales de matemáticas y física.

 

Su último proyecto en los Estados Unidos, que culminara en el año 1972, consistió en la dirección técnica y diseño de la arquitectura general (hardware/software) para la automatización de una planta de calibración y puesta a punto de los motores de los aviones a reacción de la Fuerza Aérea norteamericana. La planta fue instalada en la Tinker Air Force Base, en las inmediaciones de Oklahoma City.

 

Esta instalación automatizada, que probaba los motores a reacción después de eliminarse residuos de combustible (main fuel control and afterburner control), involucró 330 servos analógicos que interactuaban entre sí por medio de ordenadores. Fue la primera planta de su tipo en el mundo.

 

El diseño del sistema valió a Escudé y su equipo de siete ingenieros la nominación para la David Sarnoff Outstanding Achievement Award in Enginering. La nominación describía el logro alcanzado en los siguientes términos:

 

“For design, development and installation of the world’s first computer-controlled fully automatic mechanical-hydraulic test system (ATSJAE) for calibration and test of jet engine fuel controls”.

 

[“Por el diseño e instalación del primer sistema mecánico-hidráulico (ATSJAE) completamente automatizado y controlado por ordenador, para la calibración y prueba de controles de combustible de motores a reacción”.]

 

Resulta útil recapacitar sobre el significado de un proyecto como este. El lector lego puede imaginar la enorme complejidad del motor a reacción de un avión de guerra norteamericano. Imagine ahora una planta automatizada, con un ordenador por cerebro, que robotiza los procesos en los que, uno tras otro y de a muchos de por vez, se verifica y calibra el flujo de combustible de estos motores, con sensores que funcionan como los sentidos de 330 servomecanismos. Ubique por último a este portento no en el momento actual sino en el año 1972.

 

Esta no fue sino la revolución que permitió que Estados Unidos deviniera de la superpotencia que ya era, en la hiperpotencia que se convirtió en el único polo del sistema interestatal al derrotar a la Unión Soviética en la Guerra Fría. El argentino Escudé y su generación de ingenieros norteamericanos estuvieron involucrados en los micro-procesos que finalmente culminarían con la victoria, cuando Ronald Reagan apostó a la “guerra de las estrellas” y los rusos se encaminaron inexorablemente hacia la bancarrota porque no podían seguir el tren de este desarrollo tecnológico que convirtió a Occidente en la civilización del superhombre.

 

A partir de este hito de su carrera, que ilustra la manera en que ingenieros y científicos relativamente anónimos estaban revolucionando el mundo desde empresas privadas contratistas de la Secretaría de Defensa de los Estados Unidos, Escudé decidió regresar a su país.

 

Por cierto, ya en 1969 su hijo Guillermo había regresado a Buenos Aires para ingresar a la universidad y evitar también la movilización a Vietnam. Ese mismo año, al ingeniero le había sido extraído un enorme tumor benigno del cerebro, localizado cerca del centro del lenguaje. Debió someterse a terapias de rehabilitación del habla.

 

En 1972, con sus tres hijos ya en edad universitaria y culminando con éxito la tarea de equipo de instalación de la planta automatizada en Tinker Air Force Base, regresó a la Argentina y montó una consultora especializada en la ciudad de Bahía Blanca, que trabajó como proveedora de la Marina de Guerra.

 

Su principal proyecto fue el desarrollo, desde 1977, de un prototipo de ordenador mediano multipropósito y modular, orientado al control de procesos rápidos. La misión principal de este ordenador era el control de fuego de las fragatas misilísticas clase Ferranti, construidas para la Armada Argentina en Gran Bretaña. Sus características modulares permitían adaptarlo también al control de tiro de obuses y morteros, el control de tráfico aéreo, el control de aviones de ataque, y asimismo a sistemas de guerra e inteligencia electrónica con determinación de la firma (o signature) de radares desconocidos.

 

El prototipo en funcionamiento, bautizado “Argenta”, fue entregado en 1980 después de ser exhibido en el cine del Edificio Libertad (Comando en Jefe de la Armada). Sus características técnicas pueden consultarse en el ejemplar del 8 de mayo de 1979 del periódico La Nación de Buenos Aires. Por una serie de desencuentros que no viene al caso describir aquí, jamás se pasó a la etapa siguiente, de fabricación de múltiples ejemplares de este ordenador para instalar en diversas unidades de la Flota de Mar. El ordenador, considerado (según criterios diversos) el segundo o tercero de diseño totalmente argentino, fue remitido al Instituto Argentino de Matemáticas. Posteriormente los restos del prototipo se dispersaron.

 

Publicaciones especializadas y trabajos presentados a congresos han clamado por el rescate de los restos de este pedazo de la historia de la era del ordenador en la Argentina, y su integración a un museo del género (por ejemplo, Nicolás Babini, “Argenta: la segunda computadora argentina”, Mundo Informático, Vol. V, Nº 125, primera quincena de abril de 1986; y Javier Andrés Comín, “Búsqueda y preservación de las primeras computadoras”, monografía presentada en la sesión “The future as past: preserving the computer age”, de la V Conferencia Mundial de Arqueología celebrada entre el 21 y el 26 de junio de 2003 en la Catholic University of America, Washington DC). También en 2003, en su libro La Argentina y la computadora: crónica de una frustración (Ed. Dunken, Buenos Aires), Nicolás Babini se explaya acerca de Escudé y su  “Argenta”.

Antes de retirarse de la actividad profesional, Escudé se desempeñó en el Instituto Argentino de Matemáticas (IAM) y en
la Empresa Nuclear Argentina de Centrales Eléctricas (ENACE). También continuó realizando trabajos de consultoría para la Armada Argentina: por caso, para el sistema automatizado de tiro del Hércules, un destructor misilístico de la clase Sheffield.

Juan Carlos Escudé vivía en Buenos Aires junto a su mujer cuando falleció el 12 de febrero de
2008, a los 84 años de edad. Sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Recoleta de dicha ciudad. El 6 de mayo de 2004, en ocasión de cumplir 81 años, este sitio web había sido inaugurado como homenaje a su vida y obra.